Cuando fuimos víctimas de malas experiencias, ellas dejaron un sabor amargo en nuestro corazón y no las podemos olvidar. Reflotamos cada vez esa desagradable experiencia y siempre la traemos a la nueva relación.
No existen dos seres humanos idénticos. Las historias no se repiten a menos que nosotros mismos provoquemos ese caos. Sepultemos al pasado y recordemos solamente que esas amarguras corresponden exclusivamente al pasado y en definitiva, nos fortaleció. De hecho, volver a vincularnos significa que deseamos una nueva oportunidad. Ese, es un gran adelanto en nuestras vidas. Por eso, las palabras que nacen del otro deben ser escuchadas con amor y respeto. Debemos aprender a creer. Debemos creer que existen aún personas sensibles, con buenas intenciones y con el deseo ferviente de acompañarnos en este camino.
Creer. En nosotros mismos y en los demás. Creer en los cumplidos, en las frases amorosas, en todo aquello que es el alimento de la relación. Abramos nuestra mente y permitamos que se sucedan los hechos...
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