Existe un descreimiento total en cuanto a las relaciones humanas.
Especialmente en lo referido a la fidelidad.
Para mí, es una fórmula exacta. Y tiene que ver con todo el arraigo, con todos los principios que uno mismo aprende desde el hogar.
Vivimos completamente expuestos y las oportunidades surgen permanentemente.
Pero fluyen y pasan al recuerdo. O al olvido...
El hecho de vivir en paz y plenamente, nos da la oportunidad de conducirnos mejor ante todas estas cuestiones.
La gente común cree en las " irresistibles tentaciones". Pero como seres humanos, llenos de afecto y respeto, sabemos dar la respuesta adecuada en el momento adecuado. Yo no creo en los impulsos descontrolados. Tampoco en "perder la cabeza".
De hecho, tomar una relación significa una gran responsabilidad, la necesidad de compartir hermosos momentos y los más adversos.
En un mundo sin valores, es positivo ir contra la corriente. Porque ahí, marcamos la diferencia, la singularidad, la unicidad como seres humanos.
La fidelidad es un regalo precioso que desinteresadamente obsequiamos a nuestro ser amado. Implica entrega, confianza, alegría y verdad.
La fidelidad se alcanza cuando el otro, tiene todas las condiciones suficientes que nosotros admiramos.
La fidelidad implica madurez emocional y se alimenta día a día con acciones, actitudes frente a la vida.
La fidelidad es un resplandor en el corazón que nos permite alcanzar la paz interior.
A partir de estos pilares, la idea que tengo en mente, es exponer algunos principios para tener en cuenta a la hora de iniciar una relación o mejorar la ya existente.
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